- QUERIDOS PERSONAJES -
Los lanzadores
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UN GENTIL LANZADOR
4º Olimpiada Nacional. Buenos Aires - 1993

C omo rival: especulador, oportunista, calculador, fino acechante, insolente. Juan Carlos Caro, un contrincante para temer en cuanta justa deportiva se organice.
Y como
compañero: de los mejores.

Dual y simple, porque Juan Carlos Caro comparte los entrenamientos y reuniones con sus compañeros de Capital, pero compite representando a Provincia de Buenos Aires.
Asi, como rival y compañero a la vez, aunque en alguna edicion con provincia ausente participó para Capital.

Es un deportista global, gran emprendedor, de multiples intenciones. Cualquier contienda lo tiene entre sus animadores.
Su base es el atletismo y la natacion pero, por ejemplo, pese a no ser pescador se anotó en pesca en la 9º Olimpiada Regional en Rosario. En esa ocasión repasó los datos, consiguió los elementos para el torneo y se presentó atrevidamente a orillas del Paraná para dar batalla a veinte fanáticos del anzuelo y escatimarle a los idóneos los escasos peces.

Demas esta decir que en atletismo corre velocidad, corre fondo, salta y lanza.

Aquella vez, y es la nota de color que nos ocupa, se desarrollaban las 4º Olimpiadas Nacionales en la mismísima Capital Federal. Era octubre de 1993 y Juan Carlos estaba en nómina de atletismo, entre otros deportes, representando a Provincia.

Esas jornadas en Buenos Aires estaban viciadas por incompatibilidad de ámbito, la mayoria de los participantes vivia, ejercia o tramitaba en esa ciudad y lejos de suspender sus actividades laborales, las intercalaba con las competencias.

El atletismo tenia su sede en el Centro Nacional de Alto Rendimiento Deportivo (Cenard) instalacion ejemplar gentilmente cedida para estos juegos gracias a la inestimable intervención de la entrenadora Elena Troncoso.

Fue un dia jueves y los jueces de control habian cerrado la planilla de confirmacion de atletas del lanzamiento del disco. Los discóbolos ya habian precalentado y estaban en espera del llamado a las series.

En ese momento un rezagado se acercaba a la carrera desde la entrada de avenida del Libertador, vestido con elegante traje oscuro, zapatos de lustre acharolado, maletín de medianas proporciones y un bolso flamenando tras sus espaldas. Sin pedir documentos, cualquier persona comun podia reconocer a Juan Carlos Caro llegando tarde a los lanzamientos.

Se presentó en mesa de control sin lograr que lo incluyan en las listas ya cerradas y que estaban en manos de los jueces, quedándole un último recurso de apelación ante el director del torneo.

Dejó el maletín al borde de la pista, se quitó el saco, se arremangó desordenadamente la camisa y se dirigió directamente a la jaula de lanzamiento seguro de demostrar que el disco se puede lanzar calzando zapatos Guante y vistiendo pantalón de franela recto, camisa blanca y anclada entre el tercer y cuarto botón una corbata punzó.

UN HOMBRE DE PESO
6º Olimpiada Nacional. Villa Carlos Paz - 1997

E s un corpulento lanzador, debuta en juegos olimpicos de profesionales en ciencias económicas en su ciudad de residencia. En 1993, en Buenos Aires, comienza la leyenda de Juan Engelbretch como lanzador insignia de la delegación porteña con sus especialidades de bala y disco.

Hombre de peso, cada aparición suya en cámara de llamadas levantaba un rumor, una exclamación espontánea, mezcla de admiración y temor de los ocasionales rivales que, exaltados, intuían una difícil experiencia competitiva. La cámara de llamadas es ese lugar contiguo a la pista de atletismo, donde los competidores son “llamados” a ratificar inscripciones ante los jueces de turno.

Juan es sinónimo de lanzamiento. Tan es así que el Consejo le asignó una bala y un disco para su uso personal, elementos que el atleta los llevaba consigo cuando entrenaba por su cuenta.

Sucedió en las 6º olimpiadas nacionales, cuando la delegacion capitalina se disponia al chequeo previo al embarque del avión que los llevaria al aeropuerto de la ciudad de Córdoba. Juan llevaba como equipaje de mano, la bala del Consejo, una esfera de hierro de 7,26 kg. de peso.

No se sabe cual era la razón por la que este intrépido lanzador decidió acompañarse con la bala, quizás pensó que en el lugar de competencia faltaria el elemento o tal vez le habían quedado algunos lanzamientos de entrenamiento pendientes que intentaría recuperar en las horas previas al programa de pruebas en suelo cordobés. Quizas una relacion afectiva, una cabala, o la perseverancia enamorada con su elemento preferido. No lo sabemos.

Pero lo llamativo es que mientras deportistas y dirigentes enfilaban hacia un embarque normal, Juan era demorado por la policia aeronáutica, presurosa por revisar el pesado y extraño equipaje. No fue imposible, pero si implicó una innecesaria dificultad tratar de explicar que hacia Juan con una bala de las características ya citadas, entre su equipaje de mano.

Eran épocas previas al 11-9 y si solo se sabía de ciertos secuestros aislados de aviónes no se conocía el peligro de transportar bultos que inmolen al contenedor y destruyan el artefacto. Mas bien la puesta en escena imaginaria seria la de un terrorista cargado con munición gruesa y armado con una estructura de lanzamiento tal que podria disparar el proyectil, cual bala de cañon, sobre el pasaje indefenso.

Finalmente, y con las debidas y no debidas aclaraciones del caso, incluso se impartió conocimiento al personal policial y de control de lo que era el atletismo, el lanzador de sangre sajona fue autorizado a viajar con la bala.

Lágrimas de emoción humedecian las mejillas de sus compañeros y compañeras. Ellos por la consecución feliz de la comprometida situación y ellas, enternecidas, ante la imagen enamoradiza entre Juan y su inestimable compañera de hierro.

 
Crónica de El periodista Maltés
Nino Manfredini

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