- EL SALTO ETERNO
O PORQUE SE PERDIO LA POSTA 4 X 100 MASCULINA -

2º Olimpiada Nacional. Mendoza 1989
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Pasado el 1º juego olimpico nacional y con la euforia de los debutantes, la Federación aprovecha el envion de entusiasmo y organiza el 2º, ahí nomas para el año siguiente.

Esta sucesion consecutiva de los dos primeros juegos nacionales se modificaria de forma que actualmente se disputan cada nacional en año impar y cada juego regional en año par considerando al pais dividido en dos regiones.

Lo cierto que era el año 1989 y el alicaído equipo de atletismo de Capital no escapó a la inyección de estimulantes emocionales y se disponía a estructurar los entrenamientos, aumentar las intensidades e incorporar nuevos atletas, los que afortunadamente, llegaron en calidad y cantidad ideal.

La cita era en Mendoza y la disciplina que mejor se habia formado era la de velocidad y saltos. Un cuarteto de lujo se hizo cargo de sacar chispas a las pistas:
Ricardo Gomez Echevarrieta: alto y espigado trabajador de los andariveles.
Juan Jose Folatti: veloz futbolista que prefirió dar cuenta de su preparación sin la pelota.
Jose Gallo: enérgico y temperamental corredor, atrapando a Lucifer entre las fibras nerviosas de sus músculos desarrollados.
Y Luis Riveros: entrañable compañero Sanjuanino, de piernas potentes y oportuna actitud de ganador.

Dos dias se habian programado para las pruebas atleticas de pista y campo y un tercero final para correr la carrera de fondo en el bello Parque Independencia de la capital mendocina.

Al lado del estadio de futbol de Mendoza estaba la pista reglamentaria de carbonilla y seis calles. Durante la primer jornada se corrieron las series de clasificación de 100 metros donde los cuatro fantásticos clasificaron para la final. De seis lugares posibles cuatro eran de “Capital”.

Esa noche hubo que buscar afanosamente un masajista para Jose Gallo, pues su nervio motor estaba tan acelerado que un nudo tremendo le acomplejaba la espalda. El resto de los velocistas no estaba menos ansioso.

La final estaba en marcha:
Jose Gallo poseia una resistencia final que derrumbaba las pretensiones de los rivales cuando, codo a codo, traspasaban la mitad del hectómetro. Por ello se llevó un triunfo inolvidable y un record olimpico no batido hasta el momento, extraordinarios 11:9 segundos en los 100 metros llanos.


Luis Riveros era el atleta de mejor partida. Dueño de una reacción admirable, solia analizar las fracciones de segundo que demoraba el largador entre la voz de listos y el pistoletazo, de forma de activar sus segmentos un instante antes del disparo acreditando esa mínima fracción para su marca final.
Gomez y Folatti no se quedaban atrás, protagonizaron una final de maestros.

Con ese logro, las apuestas para la posta 4 por 100 mts. masculina estaban 10 a 1 a favor de Capital, pero antes debió acontecer un hecho afortunado y a la vez trágico.

Entre los 100 metros y la posta comenzó la competencia de salto en largo con las alternativas siguientes:
Rápidamente los animadores del salto se fueron ganando un lugar en las escalas de medición. En los primeros intentos Jose Gallo estaba saltando mas de 5 metros y un atleta rival de la provincia de Córdoba habia metido 5,73 metros en el segundo turno.
Detrás de estas marcas venia Luis Riveros, hombre de una actitud positiva, gran conocedor de las técnicas atléticas y experimentado competidor que no dejaba escapar ninguna circunstancia que le permitiera lograr el mejor salto.

El cordobés estaba al frente de la competencia y al pequeño gran Luis le quedaba el último salto, que midió desde la calle hasta el cajón de arena entrecerrando los ojos. Levantó la vista al cielo, no se sabe si en comunión con el Supremo o estableciendo las coordenadas cósmicas que le permitieran la parábola de vuelo ideal.
Puso en marcha sus piernas a máxima potencia, los muslos no se distinguian en la vorágine de velocidad y los brazos equilibraban el sentido de carrera en una tremenda acción de remada. Pica perfectamente en la tabla y se eleva con una soltura y calidad de ángulo que pareció quedar suspendido marcando definidamente la técnica del caminado en el aire como los saltadores de excelencia.
Su aterrizaje en la arena coronó tamaña muestra de plasticidad con una marca de 5,75 metros, actual record olímpico y medalla de oro ganada por la ínfima diferencia de 2 centímetros.

El festejo no terminaba nunca, pero aún faltaba la posta 4 por 100 mts. La exigencia a la que se sometieron, especialmente Luis socavó las energías de los saltadores que pusieron el acostumbrado empeño en correr lo mejor posible, y aunque por segundos nada mas, el cuarteto porteño fue batido con todos los honores, por el conjunto de Córdoba.
Jornada memorable: la belleza de la alta velocidad, el salto eterno y la dignidad de una derrota.

 
Crónica de El periodista Maltés
Nino Manfredini

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